La peña dice:
“Bah, mejor no saberlo. Vivo más tranquilo.”
Claro, campeón.
Y si no sabes que tienes un tumor… pues nada, felicidad máxima hasta que revientes en el sofá.
Esa es la filosofía del necio:
si no lo veo, no existe.
Si no lo entiendo, no me afecta.
Si no pienso, no me duele.
Y así van.
Por la vida como si fueran niños de guardería.
Riendo porque les dan un caramelo, aunque al lado haya un incendio.
Jugando con su globo mientras les vacían la cartera.
Felices porque no saben que son idiotas.
La ignorancia no es paz.
La ignorancia es meter la cabeza en el horno y decir:
“¡Oh, qué oscurito y calentito estoy aquí dentro!”
Y, ojo, lo grave no es que lo hagan.
Lo grave es que luego te miran a ti, que sí ves las cosas, como si fueras un amargado.
— “Es que piensas demasiado.”
— “Yo prefiero disfrutar la vida.”
¿Disfrutar qué, subnormal?
Si no sabes ni lo que disfrutas.
Si tu vida es una sopa de humo servida en un plato roto.
Se creen libres porque no saben lo que es la libertad.
Se creen felices porque nunca han sentido lo que es la verdadera felicidad.
Y se creen listos porque están rodeados de otros igual de tontos.
La ignorancia es el chiste más cruel de la historia:
hace que el imbécil se crea sabio.
Hace que el esclavo se crea libre.
Hace que el vacío se confunda con plenitud.
Y luego, claro, se ofenden.
Diles que son ignorantes y se cabrean.
“¡Eh, respeta mi opinión!”
Opinión, dice…
La opinión de un ignorante vale lo mismo que un billete del Monopoly.
La ignorancia no da felicidad.
Da risa.
Y pena.
Y, sobre todo, problemas.
Porque cada necio feliz es gasolina en el incendio.
Es el que vota sin saber.
Es el que aplaude al tirano.
Es el que repite eslóganes que no entiende.
La ignorancia no es inocente.
La ignorancia es peligrosa.
Más peligrosa que la maldad.
Porque el malvado al menos sabe lo que hace.
El ignorante no.
Y arrastra a todos al pozo con él.
Así que no, no quieras ser feliz ignorante.
Mejor ser un cabrón lúcido.
Mejor llorar con la verdad que sonreír con la mentira.
¿Quieres felicidad real?
Pues abre los ojos.
Acepta que el mundo es jodido.
Que la vida duele.
Que pensar duele más.
Y que solo desde ahí puedes salir de tu ignorancia.
Ama el asombro.
Ama la duda.
Nos vemos en la cima.
— La Academia s. XXI