Mi frase favorita dice así:
“Los tiempos del Señor son perfectos.”
Ya te veo, ateo.
Leyendo esta frase y pensando:
“Otra vez con la Biblia, qué pesado.”
Tranquilo.
Puedes seguir creyendo que viniste de la probabilidad,
que el universo explotó porque sí,
y que todo lo que te pasa es casualidad.
Pero…
cuando te rompen el corazón,
cuando se te muere alguien que amas,
cuando todo se cae aunque hiciste todo bien,
entonces, amigo mío,
es ahí cuando el discurso científico-ateo no te abraza.
Ahí es cuando se te escapa el “Dios mío…”
aunque no sepas a quién se lo estás diciendo.
Y es que hay una paz que no se estudia.
Una fe que no se razona.
Una certeza que no se mide en números.
Y dice así:
Los tiempos del Señor son perfectos.
No cuando tú quieres.
Ni cuando tú crees que lo necesitas.
Ni cuando haces afirmaciones frente al espejo como un desesperado.
Sino cuando Él sabe que es el momento. Cuando tiene el momento perfecto.
Porque Él ve lo que tú no ves.
Escucha lo que tú callas.
Y conoce lo que tú aún no entiendes.
Quizá estás pidiendo algo que ahora mismo… te rompería.
Quizá esa relación que tanto querías salvar, te habría destruido.
Quizá ese éxito que anhelabas, te habría vuelto soberbio.
Quizá ese rechazo… te salvó de perderte a ti mismo.
Todo tiene un orden. Todo tiene un tiempo. Y ese tiempo no es el tuyo. Es el Suyo.
Y sí, cuesta.
Cuesta tener fe cuando todo va mal.
Cuesta confiar cuando no ves el plan.
Cuesta esperar cuando el alma grita.
Pero ahí está la clave.
La fe no es creer cuando todo va bien.
Eso lo hace cualquiera.
La fe es sostenerte cuando no entiendes nada.
Cuando el silencio de Dios parece castigo, pero en realidad es protección.
Porque el Señor no improvisa.
No llega tarde.
No se olvida.
Solo te está preparando.
Y cuando te entrega lo que pedías,
cuando llega esa oportunidad, esa persona, esa respuesta,
te das cuenta de algo brutal:
No era que no te escuchaba.
Era que aún no era el momento.
Y cuando llega…
Llega con paz.
Llega sin dudas.
Llega como si siempre hubiera estado escrito.
Así que no desesperes.
No te rindas si las puertas no se abren.
No te amargues si el plan no sale.
No maldigas si el camino se esconde.
Solo sigue.
Confía. Fe.
Trabaja con fe, y deja que el resto lo haga Él.
Porque los tiempos del Señor no se entienden. Son perfectos.
Se viven. Se aceptan. Se agradecen.
Y cuando lo entiendas, ya no tendrás prisa.
Sabrás que vas justo a tiempo.
Nos vemos en la cima.
— La Academia s. XXI
PD: En NoLimits también creemos en las señales.
Por eso cada cuadro que encuentras allí es mucho más que decoración.
Es un recordatorio.
De lo que crees.
De lo que esperas.
De lo que te sostiene.
Porque hay días en que solo una frase te salva.
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